Ríos maltratados, ríos desbordados

Juan Carlos del Olmo y Alberto Fdez. Lop. Ha llovido mucho en el sur de España estos días y ha llovido sobre mojado. Desde luego que tal abundancia de lluvia no es habitual, aunque quién sabe si lo será en el futuro, porque lo cierto es que se corresponde con las predicciones de los especialistas sobre las consecuencias del cambio climático en el Mediterráneo. Pero, al mismo tiempo, las grandes avenidas de los ríos son fenómenos bien conocidos que se repiten con periodicidad en nuestras latitudes. A veces cada cien años, a veces más, pero el caso es que las sequías que se alternan con las avenidas hacen flaquear nuestra frágil memoria. Y nos empeñamos, en vano, en reconquistar el terreno de los ríos, sin querer pensar que la avenida, tarde o temprano, llegará.

Produce una enorme tristeza ver las imágenes de personas que lo pierden todo en pocas horas. Y aún más desde la certeza de que estas situaciones son evitables. Sus viviendas están asentadas, con el consentimiento -cuando no con el impulso- de la Administración, en las vías de desagüe de los torrentes y arroyos y sobre las llanuras de inundación de los cursos medios y bajos de los ríos. Sin embargo, hoy es posible conocer científica y técnicamente con precisión hasta dónde puede llegar la avenida de un río. De hecho, la Directiva Europea de Inundaciones exige a los Estados miembros realizar mapas de riesgo de carácter vinculante para los procesos de urbanismo y ordenación del suelo, precisamente para evitar daños a bienes y personas con motivo de las inundaciones.

También la legislación española es muy avanzada en este sentido, pero somos campeones en incumplirla. Por un lado, cabe destacar que las confederaciones hidrográficas carecen de medios y del respaldo y la voluntad política necesaria. Un problema agravado por su personal técnico, que suele oponerse a medidas de prevención y control de las inundaciones más allá de los encauzamientos y la construcción de presas (lo que incrementa el riesgo por el aumento de la velocidad del agua en las avenidas). Y, por otro, la influencia todavía enorme que tienen los regantes y los poderes locales sobre estos organismos de cuenca. En este contexto, lo cierto es que el Dominio Público Hidráulico apenas está deslindado y la cartografía de zonas inundables de España está por completar.

A pesar a las catástrofes repetidas y mil veces anunciadas, toda España está plagada de asentamientos humanos ilegales en lugares labrados por el agua, algunos antiguos y otros en pleno proceso de construcción, como la Ciudad del Medio Ambiente, en Soria, y tantos otros denunciados por WWF donde el agua para nuestra gran sorpresa volverá.

Se trata de dejar espacio a los ríos. De liberar las llanuras de inundación, permitiendo solamente usos que puedan soportar la llegada de una avenida. Es urgente completar el mapa de zonas inundables y riesgos de España. Es urgente que las Confederaciones emitan informes vinculantes sobre los planes de urbanismo y ordenación del territorio de las administraciones locales y regionales. Y es urgente emprender un ambicioso programa de ayudas a las Comunidades Autónomas y municipios para realojar a las quienes viven en situación de riesgo junto a los cauces. Porque, antes o después, por mucho que nos falle la memoria, el río recuperará lo que es suyo.

Fuente: http://lacomunidad.elpais.com/wwf/posts

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