Ética y coherencia

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Se ha hecho caricatura de la situación: el indígena pesca tranquilo cerca de su cabaña y llega el magnate a quitársela y a dar lecciones de cómo enriquecerse de forma desorbitada para poder hacer lo mismo en su playa privada. Se ha querido ridiculizar al indígena sembrando el tópico de su indolencia y atraso cuando es el que realmente respeta el entorno y conoce el valor de su hábitat, mientras que la cultura del magnate deja tras de sí un desierto y además convertido en vertedero de residuos peligrosos. El mar, la tierra, las montañas, el aire, el espacio… todo recibe su ración de basuras en nombre del sacrosanto progreso, bendecido por una nueva religión, el cientifismo.

Jean-Marie Pelt, filósofo y pensador, denuncia en uno de sus últimos libros que mientras las religiones antiguas, el hinduismo, el taoísmo, el budismo, el islamismo, el cristianismo, han predicado siempre que la suerte del ser humano y la Naturaleza están estrechamente unidas, la nueva religión, sin otro cielo que el beneficio infinito y sin otra inmortalidad que la fama y el prestigio internacional, no se detiene ni ante la destrucción de la vida del Planeta. Con la soberbia de que han logrado vida artificial en sus laboratorios, nos someten al riesgo de un nuevo desastre biológico y además anuncian que para limpiar la contaminación creada van a aplicar la geoingeniería, intervenciones en miles de km², de las que no saben las consecuencias ni a medio ni a largo plazo. Han empezado a manipular las nubes modificando el régimen de lluvias, a blanquearlas para refrescar el planeta y librarlo así del calentamiento global que ha ocasionado la contaminación. Megacostosos proyectos del cientifismo que siempre promete lo mismo, acabar con el hambre en el mundo. Ese hambre y esa sed que este desarrollismo enloquecido provoca a una velocidad inusitada y que sólo tendrán fin si la humanidad entra en una nueva etapa de conciencia.
Los transgénicos, la vida artificial, la manipulación del termostato terrestre, todo nos lo presentan como milagrosos remedios de esta nueva religión, mientras los verdaderos científicos, los independientes, los que aprenden de la coherencia de la naturaleza y la observan con humildad, son expulsados como herejes cuando afirman que están al alcance soluciones simples, justas y probadas y que es por ahí por donde hace falta investigar. Entre ellas la agricultura ecológica, que emplea a más mano de obra, que diversifica la riqueza local, que preserva e incluso aumenta los recursos naturales, que cuida la vida de las especies mientras la agricultura química ya ha reducido a la mitad la diversidad biológica en los campos de cultivo de toda Europa.
Cientifismo y desarrollismo bien que se han ocupado de ridiculizar todo abismo de espiritualidad, para minar la justicia y la solidaridad que brotan de un sentido ético.
Lo que el tiempo va demostrando es que, más allá de pretender integrar a los que no han comprendido la agricultura ecológica, hay que ser coherente y vigilar los principios de los cuales nació, no sea que a lo largo del camino y de tanto integrar a ese sector se vallan perdiendo. El sector ecológico francés lo tiene claro. Desde el propio sector ecológico han creado un nuevo sello, BIOCohérence, para los productos que no sólo cumplen con la reglamentación europea de agricultura ecológica, sino que además siguen unos criterios de coherencia ecológica: vincular los animales a la tierra, respetar las rotaciones, no permitir más contaminación por transgénicos y por supuesto coordinada con distribuidores y consumidores. Esta coherencia exige también unos criterios éticos, sociales, humanistas, desde los productores y elaboradores y en la distribución, a la que se pide avanzar en este sentido. El sector no puede seguir presionado por criterios puramente mercantilistas, de simple rebaja de precios siempre a costa del productor y del medio ambiente, rebajas de calidades y también de compromisos. Y es ahí donde puede apoyar el consumidor, aunque no podrá verdaderamente elegir mientras no le llegue una información completa, independiente.

Extraído de la revista y con autorización:

“La Fertilidad de la Tierra”. Nº 41.

La Fertilidad de la Tierra www.lafertilidaddelatierra.com

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