El Niño de los caballos

Cuando tenía tres años, a Rowan le fue diagnosticado autismo. Ni las terapias, ni el programa de educación especial, ni la desintoxicación alimentaria producían ninguna mejora en él. Nada… salvo una yegua, Betsy, con la que el niño empieza a desarrollar un curioso vínculo, y los cantos de los chamanes. La corazonada de que la unión entre caballos y chamanismo podría ayudar a Rowan inspira al padre un sueño loco: llevar a su hijo a lomos de un caballo por las inhóspitas montañas de Mongolia, de chamán en chamán, de sanador en sanador, bañarlo en las aguas sagradas… porque si en algún lugar del mundo se puede obrar el milagro es allí, en la taiga, donde el primer caballo fue domesticado hace tres mil años, donde nació la palabra “chamán, el que cura”.

Con unas cuantas monturas y una destartalada furgoneta como único medio de transporte, Isaacson y su familia emprenden el viaje más extraño de su vida por imponentes parajes hacia las tribus de pastores de renos, todo un desafío en pos de un chamán que tal vez pueda hacer realidad su visión. Impregnado de sencillez y verdad, el testimonio de Rupert Isaacson es el de un padre capaz de llegar al fin del mundo por su hijo, una lección de fe inconmovible y, por encima de todo, una inspiración para todos nosotros. Su asombrosa aventura prueba que incluso en los momentos de absoluta oscuridad, cuando todo parece perdido, podemos emprender un viaje dentro y fuera de nosotros mismos que nos conduzca más allá de la razón, a un lugar donde lo inesperado aún es posible.

 

Extraído de la web: http://www.elchicodeloscaballos.com/2009/02/la-busqueda-de-un-padre-para-sanar-su_26.html

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Un pensamiento en “El Niño de los caballos

  1. Cuando estudié para obtener mi título de Técnico Deportivo en el Medio Natural, una de las asignaturas era caballos, teníamos que meternos de lleno en un mundo que para mí siempre había ido de paso. Veía los caballos en las películas, en el corral de algún amigo o de vez en cuando en algún que otro festejo. Verlos así no es lo mismo que tener que estudiarlos y aprender a tratarlos. Durante prácticamente un año todas las semanas teníamos contacto con estos maravillosos animales. Se crea un vínculo con el caballo, un lazo de amor que te encoge el corazón cada vez que lo recuerdas. Para mí, fue una experiencia inolvidable, recomendable a todos los públicos, es por eso que publico este post.

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